Hace unos pocos días estaba revisando unos libros de arte un poco especiales. Arte de grandes autores sobre lo oculto, y me topé con este cuadro: San Francisco de Borja y el moribundo impenitente

Realmente me sorprendió. El gran Goya, al que le tengo una gran admiración, no deja de sorprenderme ya que no conocía esta obra. Enseguida me impactó la escena que mostraba.

Un hombre moribundo debatiéndose entre vida y muerte; y muy cerca tres criaturas de la noche: algo que parece un gato del averno, un hombre macilento (quizá un cadáver) y un individuo que, como magistralmente solía hacer Goya, parece simplemente una forma. Más oscura que la propia noche y que se arrastra hacia la alcoba… Y en primer plano, un hombre de Dios, intentando enfrentarse a lo que cree es el maligno.

En un simple vistazo, como una bofetada, Goya nos muestra como nadie ha hecho la iconografía de un exorcismo.

Personalmente me impactó la fuerza de la imagen y me dio pié a pensar en lo arraigado que tenemos algunas cosas que no entendemos. Aunque pasen muchos años, la visión de lo extraño nos sigue activando un resorte en nuestro subconsciente que nos inquieta. Da igual que la ciencia avance y nos de soluciones a lo inexplicable; parece que algo queda en lo más adentro de nuestra esencia que sigue manifestándose cuando, de forma magistral, alguien nos devuelve a tiempos cuando no todo lo sabíamos.

“El que no tiene miedo, es que no tiene imaginación”